miércoles, 23 de mayo de 2007

CADENAS DE PAPEL

Livianas y suaves eran las cadenas que le ataban a esta vida, se asemejaban, en cierto modo, a un ancla que le mantenía varado a este planeta tan azul y triste. Su espíritu no se sentía preso de su propia vida porque tenía la certeza de que podría romperlas en cualquier momento y acabar con todo y es por eso que tambien había momentos en los que sentía miedo, ya que, tal era su fragilidad que podrían rasgarse o deshacerse en una fracción de segundo y por eso solía aferrarse a ellas con todas sus fuerzas intentando, eso si, no perderse detalle del viaje.

En otras ocasiones sin embargo, se movía con suma temeridad, tal vez olvidaba por un momento que sería muy sencillo separarse de ellas y que luego desaparecerían para siempre y entonces era cuando recordaba a todas aquellas personas que habían perdido sus cadenas cuando el camino había apenas dado comienzo o aquellos a los que se las robaron de manera injusta y se volvía a agarrar con fuerza con la convicción de que desperdiciar su vida sería como defraudar a aquellos que no tuvieron tanta suerte.

Ciertamente esos grilletes de celulosa podrían llegar a apretar, no tenía la menor duda, de hecho ya le habían robado el aliento en más de una ocasión, pero siempre se podía uno liberar de la presión y seguir adelante, era cuestion de equilibrio decía, lograr que la balanza se mantenga neutral, ya que él tampoco había creido nunca en la felicidad plena, solo en el equilibrio entre lo bueno y lo malo, algo que te hiciera creer en tus posibilidades, sin dejarte indefenso ante la adversidad.

Un día sin embargo la balanza sufrío un desequilibrio sobrecogedor y toda su fuerza de espíritu se esfumo de un plumazo, el intentó sobreponerse pero una perenne tristeza comenzo a dominar cada uno de sus actos y las lagrimas que afloraban cada noche terminaron por debilitar esas cadenas hasta que al final se deshicieron convirtiendose en una pasta gris que pronto dejó de ser tangible y fué entonces cuando llegó el final que nunca podría haber esperado.

La vida se le fue de las manos y cuando quiso darse cuenta no había vuelta atras y es que la linea que separa la vida de la muerte es delgada...

... y de papel.

1 comentario:

Danny Flintt dijo...

Imagina que el reloj marca las doce de la noche, y de pronto han pasado 25 años... un cuarto de sigo que equivale a un tercio de la vida. Mira atrás y recuerda, mira todo lo que has conseguido, no mires alante, sino al día a día, ya que el futuro en sí, no se puede recordar.
Han pasado 25 años, y no tengo tanto con que pagarte, tan solo te puedo regalar mi amistad.

FELICIDADES AMIGO¡¡¡¡¡